La Ciudad de la Felicidad Perdurable.

 
 
 
Habia una vez un monje que buscaba la Ciudad de la Felicidad Perdurable.
Le habían señalado un sendero que
atravesaba un bosque y por allí iba, muy tranquilo. De pronto, se
encontró con una inesperada bifurcación.
Hacia un lado, se abría una ruta con
un letrero que decía "Camino del Control". En ese momento observó que
había un hombre parado justo a la salida de esa ruta. Se acercó entonces
a él y le preguntó: "¿Sabe usted si este camino lleva a la Ciudad de la
Felicidad Perdurable?"
"Por supuesto", le contestó el
hombre, que vestía una especie de uniforme de guía. El camino del
Control lo llevará cómoda y fácilmente, atravesando varias aldeas:
Comportamiento Consensuado, Seguridad Económica y Exito Social. En cada
una de ellas le explicarán claramente como llegar a la Ciudad de la
Felicidad Perdurable.
Ante la cara de asombro del monje, el
guía le entregó un extenso folleto: "Sirvase, esto le ayudará a no
perderse", y siguió atendiendo a otros caminantes.
El monje se dirigió raudamente por el
camino del Control, una ruta asfaltada y muy bien señalizada, que -como
era de esperarse- estaba llena de personas que avanzaban como él. Mas
allá de diferencias en las ropas y calzado que usaban, los caminantes no
se distinguian demasiado unos de otros, ya que todos estaban tan
concentrados en leer el folleto de instrucciones que no levantaban la
vista, y no había forma de ver sus rostros o sus miradas.
El monje se apenó un poquito por esta
falta de conexión pero imaginó que todo sería distinto cuando llegaran a
la Ciudad de la Felicidad Perdurable. "Allí todos seremos felices, completos y plenos", pensó.
Sin embargo, la esperanza le duró
poco, porque en medio del camino comenzaron a aparecer aglomeraciones y
congestionamientos de gente que pugnaba por llegar mas rápido, y que
generaban un tremendo atolladero humano.
Cada nuevo caminante, creaba un nuevo
atascamiento, y como nadie levantaba la vista de su folleto de
instrucciones, eran incapaces de ver salidas alternativas a su
estancamiento.
"Asi no creo que llegue a destino", se dijo el monje, y casi inmediatamente, inició su camino de regreso a la bifurcación.
Decidió entonces, optar por el camino
alternativo, aunque no había ningun cartel que anunciara hacia donde se
dirigía o como se llamaba.
La diferencia era muy grande y
asustaba un poco: esto no era una ruta asfaltada como el camino de
control, sino un sendero apenas marcado, que en algunos sectores carecía
totalmente de rastro.
Sería por eso que los escasos
caminantes que se atrevian a venir por aqui, abandonaban pronto la linea
recta y caminaban a su buen parecer, zigzagueando o moviendose en forma
ondulante entre los árboles.
De hecho, todos aqui parecian estar
jugando en lugar de avanzar seriamente hacia un destino. Algunos
bailaban, otros canturreaban, algunos se habían hecho amigos durante el
recorrido y charlaban despreocupadamente. Definitivamente, la gente que
elegía este camino parecía gozar de una disposición alegre y cordial.
El monje pudo comprobar muy pronto
que este camino estaba plagado de dificultades: pozos aqui y alla,
algunos troncos caídos, incluso cursos de agua que atravesaban la senda.
Sin embargo, nadie parecía inquietarse demasiado. Hasta parecían
sonreir al encontrar los obstáculos.
Tambien observó el monje un detalle
interesante: a diferencia del otro camino, aqui había personas que
regresaban por un breve trecho. Estas personas, indefectiblemente,
lucían, luminosos, sonrientes, y se acercaban a los caminantes dandoles
pequeños consejos sobre como transitar o simplemente estimulandolos con
voces de aliento.
El monje decidió hablar con una de estas personas.
"Perdone, señora", le dijo a una
mujer que regresaba, muy alegremente por el camino, "¿Voy bien hacia la
Ciudad de la Felicidad Perdurable?"
La mujer , estalló en carcajadas. "No, querido, esa ciudad es un mito, no existe"
"Pero ¿como, entonces -le preguntó el monje- es que todos ustedes vuelven con esa felicidad pintada en la cara?"
Y con infinita amabilidad la mujer
respondió: "Porque este es el camino de la Creatividad, y los que por
aqui venimos, no necesitamos llegar a ninguna parte para ser felices.
Dejamos ya muy lejos el Comportamiento Consensuado, nos importa muy poco
el Exito Social y sabemos que la Seguridad Economica es una aldea llena
de trampas. Preferimos vivir segun nuestro corazón, caminar nuestra
propia senda y expresar nuestro arte único, permitiendo que la
abundancia infinita se canalice a través de nosotros.
De esa manera somos felices y compartimos esa felicidad con los demás"
"Pero…-insistió el monje- y los pozos, troncos caídos y otros obstáculos en el camino?"
"Es que no son obstáculos, amigo,
porque dentro o detrás de cada uno de ellos, encontramos los tesoros
escondidos que constituyen la semilla de nuestra creación."
Y a partir de ese momento, juntos, siguieron disfrutando del camino
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